Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez (Anagrama, 2016)

Tendemos a vincular el terror con lo fantástico con demasiada frecuencia. Puede que ese sea uno de los motivos por los que durante mucho tiempo se lo ha considerado un género menor, destinado a mentes poco desarrolladas e incapaces de enfrentarse a la literatura de verdad. Lo mismo podría decirse de la ciencia ficción. El realismo se ha consagrado como el único prisma adecuado con el que dirigirse a la realidad, algo que no debería extrañarnos en una cultura positivista como la nuestra. Porque el terror clásico, de raíces gótica y romántica, viene de la mano de fantasmas, vampiros, resucitados, pactos con el diablo y demás elementos sobrenaturales propios de la superstición. Como buenos hijos de la Ilustración, no creemos en ellos y los despreciamos. Seguir leyendo “Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez (Anagrama, 2016)”