La broma infinita, de David Foster Wallace (Literatura Random House, 2016)

El problema con los libros extensos es que llevan tiempo y, una vez terminados, provocan cierta sensación de incertidumbre, un «y ahora qué» que desorienta durante una temporada. Supongo que se les puede aplicar aquello del roce y el cariño, porque los libros nunca son simples objetos, y establecemos con ellos una relación, una especie de diálogo en el que las dos partes nos proyectamos e influimos la una en la otra, lo que lleva a esa nostalgia que causan las despedidas cuando se acaba la última página. Más aún si tenemos en cuenta que su propio volumen puede servir como medida disuasoria y que la decisión de leer un tocho de mil doscientas y pico páginas ya es, en sí misma, un compromiso ante una tarea que sabemos exigente y de la que esperamos una recompensa adecuada, pero de la que también tememos que resulte insufrible. Cada cuál sabrá si puede o quiere asumir el riesgo. Seguir leyendo “La broma infinita, de David Foster Wallace (Literatura Random House, 2016)”