Autofiction, de Hitomi Kanehara (Vintage Books, 2007)

Japón, por lo poco que sé, es un país plagado de contradicciones: es al mismo tiempo tradicionalista y vanguardista, distante y pasional. Digo esto porque parece que las muestras de afecto son algo, si no mal visto, por lo menos restringidísimo a la esfera privada. Sus gentes son discretas y reservadas, viven constreñidas por un marco social que determina con precisión qué puede hacerse y dónde, cuáles son las condiciones para que ese algo ocurra. El cariño no se manifiesta casi nunca, desde luego no en público. Sin embargo, la literatura y el cine nos dan a entender que, bajo esa apariencia marcada por un formalismo absoluto, el japonés es un pueblo de amores irrefrenables.

También puede ser que amen con locura. Rin, la narradora de Autofiction, lo hace sin duda. La novela empieza en un avión, de vuelta de su viaje de novios, y allí Rin sufre un ataque de celos a causa del flirteo que cree advertir entre una azafata y su marido. Cuando este va al baño y tarda más de lo que ella considera oportuno, decide que está poniéndole los cuernos, y que lo mejor es que el avión caiga en picado y muera todo el pasaje. Entonces, cuando le ve aparecer, se le pasa, y solo puede pensar en cuánto le ama. Este vaivén emocional es característico de Rin, que se mueve de un extremo al otro con una velocidad pasmosa. La novela está estructurada hacia atrás y dividida en cuatro secciones: vigésimo segundo invierno, décimo octavo verano, décimo sexto verano y décimo quinto invierno. De este modo, a medida que avanzamos en la lectura y retrocedemos en el tiempo, somos capaces de comprender por qué Rin es como es: una joven de aspecto jovial, aunque algo perturbada y con un poso oscuro, obsesionada con la mentira y que necesita del afecto de los demás para sentirse realizada. Para ella, el sexo es un medio para lograr el amor, que es el fin y del que es dependiente hasta niveles patológicos.

El detalle que hace más jugosa la novela es el siguiente: Rin es una joven escritora, ganadora de un premio prestigioso, que abandonó los estudios en el instituto, y a la que su editor pide que escriba sobre sí misma. A partir de esa premisa, ella construye una autoficción —género que quienes hayáis pasado antes por aquí sabréis que me fascina—, por lo que no sabemos cuánto de real ni de ficticio hay en el texto. La vuelta de tuerca está en que los cuatro datos iniciales en torno a Rin son aplicables a la propia Kanehara. Autofiction es una novela bien construida, cruda y desasosegante, con un estilo parco y, al mismo tiempo, cargado de emoción. Lástima que no esté editada en castellano, y que su Serpientes y piercings —publicada por Emecé en 2005— esté descatalogado, porque es una autora muy recomendable.

2 comentarios en “Autofiction, de Hitomi Kanehara (Vintage Books, 2007)

  1. ¡Hola!

    No he leído nada de la autora y tengo que reconocer que me has picado la curiosidad, pero esa curiosidad no se verá satisfecha… He buscado ‘Serpientes y piercings’ en la red de bibliotecas y no lo tienen en ninguna de las que hay en mi ciudad. Como dices está descatalogado, así que me será imposible encontrarlo. Una pena, la verdad.

    Un abrazo

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