¡Mira los arlequines!, de Vladimir Nabokov (Cátedra, 2008)

Hace un tiempo, hablaba con una amiga sobre la dificultad que encuentran algunos lectores a la hora de diferenciar entre la voz lírica y su autor; de cómo —sobre todo en la poesía confesional en primera persona— se tiende a asumir que aquél poema que se lee es el reflejo de una experiencia auténtica y del impacto que dicha experiencia ha tenido sobre el poeta. Este hecho levanta toda una serie de cuestiones en torno a la necesidad de conocer la biografía de quien escribe, al peso que tiene ese conocimiento a la hora de entender el texto, y a si el texto tiene un significado autónomo o si, por el contrario, es dependiente de las circunstancias en las que se ha escrito. Si alguien me pregunta mi opinión, creo que es un asunto complejísimo y que la respuesta estaría en algún lugar intermedio. Por un lado, el texto es independiente y debe poder tener sentido por sí mismo; por el otro, saber algo de quien lo ha escrito y de su entorno ayuda a contextualizarlo y añadirle interpretaciones que de otro modo podrían pasarse por alto. No creo que el texto sea un signo libre abierto a toda lectura o, mejor dicho, aun cuando está abierto a una multitud de lecturas coherentes que dependen de quien lo lee —todos nos proyectamos en nuestras lecturas, aunque sea de forma inconsciente—, no debemos pasar por alto la intencionalidad de la voz poética, que no tiene por qué coincidir con la del autor. Un poema es un trabajo de creación; puede estar influido por la vida de quien lo escribe, pero es un pedazo de ficción. Seguir leyendo “¡Mira los arlequines!, de Vladimir Nabokov (Cátedra, 2008)”

Smoke gets in your eyes, de Caitlin Doughty (W. W. Norton & Company, 2015)

Ya podemos echar a correr en círculos agitando los brazos, porque vamos a morir todos. Quizá no ahora, pero ocurrirá. La muerte de todo ser vivo es el único acontecimiento del que podemos permitirnos no dudar. Es curioso observar todo el entramado de mecanismos mediante los cuales alejamos esa certeza y la arrinconamos en lo más profundo de nuestra conciencia, aun cuando la muerte es un fenómeno universal y tiene una presencia importantísima en el cine, las series, la literatura y en el resto de prácticas culturales. Esta distancia es sorprendente, y creo que apunta a la necesidad íntima de experimentar un fenómeno que nos aterroriza desde la seguridad que ofrece el espectáculo. Es decir, a sabiendas de que no es real y que el dolor que podemos sentir es pasajero y no dejará cicatrices profundas. Pero lo más importante es que la ficción permite comprender hechos que nos abruman y ante los que no sabemos cómo reaccionar porque su dolor sí es real y perdurable. Seguir leyendo “Smoke gets in your eyes, de Caitlin Doughty (W. W. Norton & Company, 2015)”

El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite (Destino, 1978)

Mientras ve por televisión cómo el cortejo fúnebre se dirige al Valle de los Caídos, Carmen descubre que toda su vida, al menos desde que tiene conciencia de ella, ha estado marcada por la presencia intangible pero omnipresente del dictador. En ese instante decide escribir en torno a ese bloque de no-historia, de no-tiempo, y la forma que adopta esa escritura es la de las no-memorias. Seguir leyendo “El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite (Destino, 1978)”