Germà de gel, de Alicia Kopf (L’Altra editorial, 2016)

Puede que la respuesta lógica a un texto que gira en torno al hielo sea la frialdad. La novela Germà de gel —existe edición castellana en Alpha Decay, titulada Hermano de hielo y traducida por la propia Kopf— comienza relatando la obsesión de su narradora por las aventuras polares, los riesgos y los retos a los que se enfrentaron Scott, Shackleton o Amundsen. Entre las notas de su investigación, poco a poco se va deslizando la difícil situación familiar que vive durante su infancia y su adolescencia, en especial a partir del divorcio de sus padres y la creciente ausencia de su padre, de la distancia de una madre ocupada entre su trabajo y las necesidades de su hijo, ese germano de hielo al que hace referencia el título. La narradora ha de mostrar su autonomía desde muy joven, como oposición a las atenciones constantes que exige su hermano mayor, que padece un trastorno del espectro autista. También nos relata sus relaciones amorosas, un noviazgo fracasado y el enamoramiento por un muchacho al que llama Iceberg y que no muestra ningún interés hacia ella, así como las dificultades que supone estudiar, trabajar, escribir y crear una obra artística, y ser independiente en los primeros años de la crisis económica que aún nos afecta. Se mezclan en el texto la biografía novelada, los apuntes de investigación y las conversaciones de WhatsApp, incluso el diario de viaje donde cuenta unas vacaciones —o una huida— en Islandia donde, en su constante búsqueda del hielo, visita al círculo polar.

Lo que me extraña es que este Germà de gel tiene todos los elementos que me atraen en una novela: juegos metaficticios —la narradora se parece mucho a Alicia Kopf, que ya es un seudónimo—, mezcla de géneros, reflexiones sobre la escritura, la identidad y la relación entre ambas, referencias literarias… y, sin embargo, no me ha impactado como esperaba. Con esto no pretendo restar valor a la novela, que es inteligente, está bien escrita y tiene momentos interesantes. De hecho, ha sido merecedora de los premios Documenta 2015 y Llibreters 2016. Si al principio decía que la respuesta lógica parecía la frialdad, es porque no he conseguido empatizar con su narradora. No es que me haya disgustado el libro, es que me ha dejado indiferente.

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